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Reiniciarnos para surfear el cambio


En la vida —y en el ecosistema corporativo— el cambio no pide permiso. Llega de golpe, desacomoda, mueve el piso y, si nos atrevemos a mirarlo sin defensa, también ilumina caminos que antes no veíamos. Resistirnos es como intentar frenar una ola con las manos: un desgaste innecesario que solo retrasa lo inevitable. En cambio, surfearla exige presencia, flexibilidad y una confianza radical en nuestra propia capacidad de adaptación.


Los quiebres —esos momentos que dividen la historia en un “antes” y un “después”— suelen incomodar porque rompen la narrativa conocida. Pero, cuando logramos mirarlos desde otro ángulo, entendemos que son invitaciones disfrazadas: oportunidades para repensar, resignificar, rediseñar. Son el punto de inflexión donde dejamos de sobrevivir y empezamos, por fin, a crear.


Hace algunos años viví uno de esos quiebres que llegan sin aviso. Un proyecto que consideraba estable se desmoronó de un día para otro. Recuerdo esa sensación de quedar frente a un lienzo en blanco… amplia, incierta y, al mismo tiempo, profundamente honesta. Después del vértigo inicial, entendí que ese derrumbe era un permiso. Un llamado a revisar mis creencias, mis ritmos, mis prioridades. Fue ahí donde aprendí a surfear la ola en lugar de pelearla. Ese simple cambio de enfoque abrió rutas que, antes, ni siquiera sabía que existían.


Reiniciarnos no es partir de cero; es partir desde un lugar más consciente. Es desempolvar el pincel interno, ese que a veces olvidamos durante la carrera diaria, y volver a colorearnos con intención: con los tonos que mejor reflejan quiénes somos y qué queremos aportar a nuestro entorno y a nuestros equipos.


La invitación es simple y estratégica: observa tu ola, reconoce tu quiebre, toma el pincel. El cambio ya llegó; ahora te toca a ti decidir cómo quieres pintarlo. Tu obra sigue en construcción… y aún tiene espacio para tu mejor trazo.


Carolina Carmona Alba

 
 
 

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